| No
crean que estoy orgulloso de lo que voy a contar hoy. Es
más.. estoy amargado y triste, pero en el fondo,
con un rayito de esperanza.
Soy un perro urbano
y sin dueño, callejero, con toda la experiencia que
eso implica. Aprendí todas las artimañas para
escapar y continuar libre, conozco todos los lugares donde
obtener un poco de comida y reconozco a todos los personajes
típicos del centro de mi ciudad. Tengo miles de tretas
y otros tantos costurones, productos de escapadas veloces
de perreras, pandillas o perros más grandes. Por
eso, no es común que los hechos me conmuevan mucho,
(he visto tantos!)
Pero ayer ocurrió
algo distinto....
Vi a lo lejos, por una
de las calles céntricas, una gran cantidad de gente
manifestando contra algo.. (estos humanos siempre tienen
algo para protestar). Sin mayores expectativas, pero con
los sentidos alerta, me arrimé por si algún
resto de comida hubiera quedado por ahí. Al acercarme,
vi con cierto asombro que lo que hacía toda esta
multitud, no era solo cantar y gritar, sino, golpear cacerolas
con tapas o cucharones....
Extraña forma
de protestar me dije... y al hambre se sumó la curiosidad,
por lo que decidí quedarme un rato para observar
(siempre se puede aprender algo!) Observé la gente
que golpeaba sus cacharros y cacerolas... Observé
su vestimenta y pude deducir que no era la misma gente que
normalmente rompía vidrieras y causaba destrozos
en la vía publica (otra extraña costumbre
de estos humanos...) Me pareció que era gente de
trabajo, amas de casa, estudiantes y hasta algunos profesionales.
A poco de andar metiéndome
entre los manifestantes (cosa rara.. no recibí ningún
puntapié), encontré un lugarcito ideal, debajo
de un banco de piedra, desde donde podría observar
a salvo, los acontecimientos.
El numero de manifestantes
crecía visiblemente y el ruido era ensordecedor.
Entre el barullo, se alcanzaban a oír algunas voces
que pedían salir de un corralito... Pensé
que los humanos habrían sido invadidos por alguien
que los había encerrado en un corral.
Otros gritaban algo
así como Basta de pagar nosotros, de
lo que deduje que eran cuestiones económicas lo que
convocaba a esta gente.
De pronto una pareja
de jóvenes (sospecho que serian estudiantes) se sentó
en el banco y dejando sus cacerolas al lado, comenzaron
a dialogar en voz baja:
-Donde vivís?
Le preguntó él..
-Soy del interior, pero
vivo en Nueva Córdoba, estudio medicina aquí..
y vos?
-Ah.. mirá que
casualidad.. yo soy de aquí y también vivo
en Nueva Córdoba, estudio Cine..
-Y por qué estas
aquí?, pregunto ella con voz cansada...
-Mirá.. nunca
fui amante de las manifestaciones organizadas
por alguien, llámense gremios, dirigentes o partidos
políticos. Esto, en cambio, me pareció más
auténtico. Además, recordé a un profe
de historia que tuve en el secundario, que nos contaba que
en las anteriores crisis, como las de los años 60
y 70, la gente tenía mas agallas y salía
a protestar, y eso que había milicos en el poder...
-Sí.. respondió
ella siempre con su voz cansada a mi, mis viejos me contaban
lo mismo, parece que la crisis no era tanta, pero los jóvenes
de entonces se jugaban un poco más... Decime
no te parece que un poco la culpa de todo esto es también
nuestra?
-Que querés decir?
-Eso. Que nos acostumbramos
a no protestar, a callarnos y a creernos demasiado los discursos
de políticos, funcionarios, gobernantes, empresarios
poderosos y todo ese rollo. Quizás si hubiésemos
sido más críticos y mas exigentes, no hubiésemos
llegado a esto.
Las palabras de la chica
me hicieron caer en la cuenta que los humanos de mi ciudad
y sospecho que de todo lo que ellos llaman el país,
estaban en una crisis por demás seria. Mis orejas
se levantaron tratando de no perder detalle de la conversación.
-¿Cómo
les afecta a ustedes esto?, pregunto la chica..
-Mirá... además
de la incertidumbre en que vivimos, de no saber si cobrás
tu sueldo o no, si mantendrás tu empleo o no, si
conseguirás trabajo o no, lo que nos molesta más,
(a toda mi familia) es comprender por fin, cuanto tiempo
hemos perdido y cuantas posibilidades nos han quitado en
estos últimos 25 o 30 años.... Es como si
hubiéramos estado viendo una película donde
actuábamos nosotros pero creíamos que todo
era ficción, sabiendo que al final todo se arreglaría
para bien. Y ahora, de golpe, cayó el telón
y nos encontramos viviendo una realidad peor que la película...
-Es cierto contestó
la chica jugando con su cacerola y bajando la cabeza...
En mi caso, mis viejos hicieron y hacen aún, un enorme
sacrificio para que yo y mis hermanos podamos estudiar,
confiando en que, la educación es la mejor herencia
que nos podrían dejar. Pasaron años de postergaciones
con el fin de brindarnos lo mejor que pudieron y ahora también,
como los tuyos, ven que nos han robado todo, que nos han
estafado en todo, que nos han mentido siempre. Y entonces
rescataron un poco de aquella fuerza que tuvieron en sus
épocas de estudiantes para animarse y venir al cacerolazo
por ahí están... metidos también ellos.
-Los míos no
se animaron.. creo que quedaron marcados por aquella época
cuando en una de las manifestaciones (creo que había
sido durante el gobierno de Videla), la policía los
arrestó y tuvieron que pasar dos o tres días
detenidos, con un miedo atroz a no salir nunca más.
Felizmente los liberaron.
-No te parece que si
ellos pudieron de alguna manera, derrotar a aquel sistema
perverso donde la tortura, el secuestro, la desaparición
y la muerte eran cosa de todos los días, no podremos
nosotros hoy, derrotar al sistema económico que nos
aplasta?, reflexionó la chica con una voz repentinamente
clara y rejuvenecida
-Quizás si, dijo
el muchacho, pero no te olvides que los que manejan este
sistema económico no son grupitos de militares ansiosos
de poder, sino corporaciones inmensas, monstruos económicos
multinacionales, cuyos tentáculos se extienden a
todo el mundo y que es casi imposible eliminarlos... Además
cuentan con la ayuda de los parásitos internos que
medran a su sombra, buscando las migajas del soborno y el
chantaje. O les cortás la cabeza del todo y vivís
sin ellos o... no sé... no podría decirte
qué conviene y qué no conviene hacer...
-Vamos dijo ella nuevamente
con voz ronca, sigamos protestando que por ahora, parece
ser lo único efectivo...
Y se fueron, juntos,
a golpear sus cacerolas y saltar, unidos por historias parecidas.
Comprendí entonces, que algo distinto estaba pasando
en esta ciudad y quizás en este país.
Recordé entonces,
algunas historias de mi abuelo cuando me contaba relatos
de un lejano Mayo francés, o del no menos
famoso Cordobazo o de unos idealistas llamados
Fidel y el Che.
Creí entonces
ver, finos hilos de conexión entre ambas épocas,
algo así como aquello de que la historia se
repite y entonces, no se porque causa, una cierta
satisfacción me invadió y colocando mi cabeza
sobre mis patas delanteras, sonreí y seguí
observando.
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