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Revista digital de cultura y humanidades dirigida por Cintia Vanesa Días

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Desde julio 2004

 

 



Conexiones… ¿la historia se repite? por: Prof. Jorge Bezzi

No crean que estoy orgulloso de lo que voy a contar hoy. Es más.. estoy amargado y triste, pero en el fondo, con un rayito de esperanza.

Soy un perro urbano y sin dueño, callejero, con toda la experiencia que eso implica. Aprendí todas las artimañas para escapar y continuar libre, conozco todos los lugares donde obtener un poco de comida y reconozco a todos los personajes típicos del centro de mi ciudad. Tengo miles de tretas y otros tantos costurones, productos de escapadas veloces de perreras, pandillas o perros más grandes. Por eso, no es común que los hechos me conmuevan mucho, (he visto tantos!)

Pero ayer ocurrió algo distinto....

Vi a lo lejos, por una de las calles céntricas, una gran cantidad de gente manifestando contra algo.. (estos humanos siempre tienen algo para protestar). Sin mayores expectativas, pero con los sentidos alerta, me arrimé por si algún resto de comida hubiera quedado por ahí. Al acercarme, vi con cierto asombro que lo que hacía toda esta multitud, no era solo cantar y gritar, sino, golpear cacerolas con tapas o cucharones....

Extraña forma de protestar me dije... y al hambre se sumó la curiosidad, por lo que decidí quedarme un rato para observar (siempre se puede aprender algo!) Observé la gente que golpeaba sus cacharros y cacerolas... Observé su vestimenta y pude deducir que no era la misma gente que normalmente rompía vidrieras y causaba destrozos en la vía publica (otra extraña costumbre de estos humanos...) Me pareció que era gente de trabajo, amas de casa, estudiantes y hasta algunos “profesionales”.

A poco de andar metiéndome entre los manifestantes (cosa rara.. no recibí ningún puntapié), encontré un lugarcito ideal, debajo de un banco de piedra, desde donde podría observar a salvo, los acontecimientos.

El numero de manifestantes crecía visiblemente y el ruido era ensordecedor. Entre el barullo, se alcanzaban a oír algunas voces que pedían salir de un corralito... Pensé que los humanos habrían sido invadidos por alguien que los había encerrado en un corral.

Otros gritaban algo así como “Basta de pagar nosotros”, de lo que deduje que eran cuestiones económicas lo que convocaba a esta gente.

De pronto una pareja de jóvenes (sospecho que serian estudiantes) se sentó en el banco y dejando sus cacerolas al lado, comenzaron a dialogar en voz baja:

-Donde vivís? Le preguntó él..

-Soy del interior, pero vivo en Nueva Córdoba, estudio medicina aquí.. y vos?

-Ah.. mirá que casualidad.. yo soy de aquí y también vivo en Nueva Córdoba, estudio Cine..

-Y por qué estas aquí?, pregunto ella con voz cansada...

-Mirá.. nunca fui amante de las manifestaciones “organizadas” por alguien, llámense gremios, dirigentes o partidos políticos. Esto, en cambio, me pareció más auténtico. Además, recordé a un profe de historia que tuve en el secundario, que nos contaba que en las anteriores crisis, como las de los años ‘60 y ‘70, la gente tenía mas agallas y salía a protestar, y eso que había milicos en el poder...

-Sí.. respondió ella siempre con su voz cansada a mi, mis viejos me contaban lo mismo, parece que la crisis no era tanta, pero los jóvenes de entonces se jugaban un poco más... Decime… no te parece que un poco la culpa de todo esto es también nuestra?

-Que querés decir?

-Eso. Que nos acostumbramos a no protestar, a callarnos y a creernos demasiado los discursos de políticos, funcionarios, gobernantes, empresarios poderosos y todo ese rollo. Quizás si hubiésemos sido más críticos y mas exigentes, no hubiésemos llegado a esto.

Las palabras de la chica me hicieron caer en la cuenta que los humanos de mi ciudad y sospecho que de todo lo que ellos llaman “el país”, estaban en una crisis por demás seria. Mis orejas se levantaron tratando de no perder detalle de la conversación.

-¿Cómo les afecta a ustedes esto?, pregunto la chica..

-Mirá... además de la incertidumbre en que vivimos, de no saber si cobrás tu sueldo o no, si mantendrás tu empleo o no, si conseguirás trabajo o no, lo que nos molesta más, (a toda mi familia) es comprender por fin, cuanto tiempo hemos perdido y cuantas posibilidades nos han quitado en estos últimos 25 o 30 años.... Es como si hubiéramos estado viendo una película donde actuábamos nosotros pero creíamos que todo era ficción, sabiendo que al final todo se arreglaría para bien. Y ahora, de golpe, cayó el telón y nos encontramos viviendo una realidad peor que la película...

-Es cierto contestó la chica jugando con su cacerola y bajando la cabeza... En mi caso, mis viejos hicieron y hacen aún, un enorme sacrificio para que yo y mis hermanos podamos estudiar, confiando en que, la educación es la mejor herencia que nos podrían dejar. Pasaron años de postergaciones con el fin de brindarnos lo mejor que pudieron y ahora también, como los tuyos, ven que nos han robado todo, que nos han estafado en todo, que nos han mentido siempre. Y entonces rescataron un poco de aquella fuerza que tuvieron en sus épocas de estudiantes para animarse y venir al cacerolazo… por ahí están... metidos también ellos.

-Los míos no se animaron.. creo que quedaron marcados por aquella época cuando en una de las manifestaciones (creo que había sido durante el gobierno de Videla), la policía los arrestó y tuvieron que pasar dos o tres días detenidos, con un miedo atroz a no salir nunca más. Felizmente los liberaron.

-No te parece que si ellos pudieron de alguna manera, derrotar a aquel sistema perverso donde la tortura, el secuestro, la desaparición y la muerte eran cosa de todos los días, no podremos nosotros hoy, derrotar al sistema económico que nos aplasta?, reflexionó la chica con una voz repentinamente clara y rejuvenecida

-Quizás si, dijo el muchacho, pero no te olvides que los que manejan este sistema económico no son grupitos de militares ansiosos de poder, sino corporaciones inmensas, monstruos económicos multinacionales, cuyos tentáculos se extienden a todo el mundo y que es casi imposible eliminarlos... Además cuentan con la ayuda de los parásitos internos que medran a su sombra, buscando las migajas del soborno y el chantaje. O les cortás la cabeza del todo y vivís sin ellos o... no sé... no podría decirte qué conviene y qué no conviene hacer...

-Vamos dijo ella nuevamente con voz ronca, sigamos protestando que por ahora, parece ser lo único efectivo...

Y se fueron, juntos, a golpear sus cacerolas y saltar, unidos por historias parecidas. Comprendí entonces, que algo distinto estaba pasando en esta ciudad y quizás en este “país”.

Recordé entonces, algunas historias de mi abuelo cuando me contaba relatos de un lejano “Mayo francés”, o del no menos famoso “Cordobazo” o de unos idealistas llamados Fidel y el Che.

Creí entonces ver, finos hilos de conexión entre ambas épocas, algo así como aquello de que “la historia se repite” y entonces, no se porque causa, una cierta satisfacción me invadió y colocando mi cabeza sobre mis patas delanteras, sonreí y seguí observando.

 

 

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