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Revista digital de cultura y humanidades dirigida por Cintia Vanesa Días

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Un perro en la guerra fría

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Facundo: pasión y muerte por: Prof. Jorge Bezzi

Como les contaba antes, mis dueños cambian a menudo....

Hoy quiero narrarles un momento de mi vida con otro de esos argentinos que hicieron patria....

Uno de esos personajes que la Historia juzga ora bondadosamente, con ojos de amplitud y comprensión, ora con ojos de Inquisidor Supremo y ánimo de cazador de brujas...

Mi dueño en esta Historia se llama Juan, aunque eso no dice mucho, porque quien más quien menos, en este país todos se llamaron Juan.

Piensen, sino, en Juan Domingo, Juan Manuel, Juan Galo, Juan Bautista, Juan Facundo...

Y de este último, es precisamente de quien quiero hablarles hoy.

Yo era su perro allá por la lejana y turbulenta década del 30... Época de malones y lanzas, de levitas y minués.... donde había que hacer patria a la fuerza.

Época en la que todavía no se habían acallado las ideas monárquicas y en la que hablar de organización nacional era un ideal que parecía lejano e inalcanzable.

Pero no creas, amigo lector, que toda la vida era patria, política, reyes y esclavos!...

No.... también se vivía la otra vida, la de entrecasa... la del dinero que no alcanzaba, la de los amores escondidos, la de niñas que soñaban con fiestas y la de estudiantes que partían melancólicamente a encerrarse en las pocas universidades existentes.

Y mi amo, Juan Facundo Quiroga, pertenecía y vivía en ambas.

Fue tanto un hombre de campo y pueblo como de gobierno y salones.

Inesperado e imprevisible, eso sí.... Nunca podías esperar una respuesta lógica y acorde a las circunstancias....

Si habré ligado patadas y caricias!!!! Pero nunca en el orden deseado....

Facundo fue hombre de campo, pues administró el heredado de su padre, allá en La Rioja, su provincia natal, pero no lo hizo desde atrás de un escritorio, sino que encabezaba cualquier tarea rural superando a los más diestros peones.

Como casi todos los jóvenes de buena familia, pasó por el ejército y a los 28 años ya era capitán de milicias y así regresó a los Llanos riojanos a administrar sus campos.

Ya para ese entonces el fuego de la política lo estaba cercando.

Y cuando Facundo se metía en algo, lo hacía con toda sus fuerzas y su ímpetu...

Fue Federal desde el vamos. Simpatizaba con el gauchaje y los derechos del interior, oponiéndose fieramente a los privilegios de la “gente de levita” y la orgullosa Buenos Aires.

Y así fue como comenzó a luchar por su patria... defendiendo al interior provincial, a la gente pobre que veía en él a un semi-dios.

Si esta historia se hubiera desarrollado en la Grecia de Homero, seguro que Facundo era un Hércules o un Ulises.

Por mi madre supe que en la década del 20, participó en cien batallas contra los unitarios. Ganó en casi todas, perdió en algunas, vivió la humillación de la huida y bebió del cáliz del triunfo.

Fue amigo de Rosas y admirador de San Martín... Odió a Rivadavia y mantuvo una fría distancia con Estanislao López.....

Al nacer yo, en 1830, Facundo reside por un tiempo en Buenos Aires, donde se produce un cambio en su imagen.... se muestra bien vestido y sin barba, frecuenta salones y cae en las garras del juego...

Conmigo se muestra benévolo y noto que tiene una especial predilección por mi... me hace jugar, me acaricia y en el momento menos pensado me despide con un cariñoso puntapié..!

Pero así es Facundo y así hay que tomarlo... o dejarlo.

El odio y el amor son dos sentimientos que, en él, no aceptan términos medios.

La firma del Pacto Federal de 1831, lo sacude de su modorra ciudadana y lo coloca nuevamente al frente de las tropas que deben luchar contra el general Paz.

Sin embargo, la suerte le será adversa y la derrota lo deprime. Vuelve a La Rioja, luego a San Juan y en 1834 estamos nuevamente en Buenos Aires.

El gobernador de Buenos Aires, Maza, juntamente con Rosas le encomiendan una misión en el norte: encontrar la forma de establecer la paz entre los gobiernos de Tucumán y Salta.

Y hacia allá vamos, porque para esa época, yo era su preferido.. no iba a ningún lado sin llevarme, aunque después, en alguno de sus habituales arranques de furia, me corriera a patadas...

Llegamos a Santiago del Estero luego de un viaje agotador.. tierra y calor eran las constantes en aquellos primeros días del caluroso diciembre de 1834...

Nochebuena la pasamos en Córdoba, donde la familia gobernante, los Reynafé, nos ofrecieron hospitalidad, pero no sé por qué causas, Facundo la rechazó.

Yo lo notaba nervioso y como presintiendo algo y les diré más... nosotros, los perros, tenemos un sentido especial para presagiar cosas.... y me estaba funcionando aquella vez!!!...

De alguna manera intenté comunicárselo a Facundo, pero no me hacía caso.... estaba muy metido en sus propios pensamientos y los nervios lo tenían mal.... Sí.. quizás presentía algo también.....

La cuestión fue que, al llegar a Santiago del Estero, Facundo se enteró de la muerte de Latorre, el gobernador de Salta y dio por concluido su viaje.

No obstante, esperamos unos días allí y recibió a los ministros de las dos provincias con las que se firmó un tratado de amistad....

Decidió volver a Buenos Aires y desoyendo todas las advertencias de que llevara una escolta especial, porque en Córdoba podía atentarse contra su vida, partió confiando, como siempre, en su prestigio y su imagen de caudillo legendario.

Su respuesta, por aquellos días, era: “No ha nacido el hombre que mate al general Quiroga.. y si ha nacido, está en pañales..!”

¿Por qué se sospechaba de los hermanos Reynafé, caudillos de Córdoba?...

Pues porque estos eran protegidos del gobernador de Santa Fe, Estanislao López, con el que Facundo mantenía una tensa enemistad, personal y política.

Muchos opinan que la cuestión política fue lo más importante, pero, conociéndolo como lo conozco a Facundo, puedo dar fe que, por su parte, la enemistad era mayor por cuestiones personales... y nada menos porque López, se había quedado, años atrás, con el famoso caballo “el Piojo”, propiedad valiosa de Facundo y a quien “consultaba antes de cada batalla”...

Estoy completamente seguro que Facundo odiaba a López por este motivo..... Hubiera dado un brazo por recuperar aquel flete, pero López no le dio con el gusto...

Así las cosas, Quiroga era para López, un estorbo y su paso por Córdoba, una oportunidad demasiado servida como para desperdiciarla.

El 18 de febrero de aquel 1835, con la pequeña comitiva de Facundo, entramos a la provincia de Córdoba en viaje de regreso a Buenos Aires

Hacia el mediodía llegamos a una zona conocida como “Barranca Yaco” y al tomar una curva, una partida de casi treinta paisanos detiene la galera......

Facundo abre la puerta y yo salto al exterior con el presentimiento hecho realidad... Escucho a mis espaldas el grito de Quiroga que dice: “Quién manda esta partida!!”... y antes que pueda mirarlo, el ruido del pistoletazo...

Lo que recuerdo desde allí, es como una escena en cámara lenta.... giro la cabeza y veo la cara de Facundo estallar en una masa sanguinolenta... el grito del mayoral y el de Santos Pérez (que después supe, fue el que disparó), se mezclaron... el polvo que seguía a la galera, llegó y nos cubrió cubriendo el acto final de esta película que nunca hubiera querido ver.....

De ahí en más, todo se aceleró... huí perdiéndome entre los montes del costado del camino... huí hasta que encontré un ranchito perdido en las sierras y ahí, poco a poco, me aquerencié.

Nadie supo que yo fui parte de aquella fatídica comitiva... Días más tarde, oí que mis nuevos dueños comentaban con su tono cansino y resignado, la muerte del legendario caudillo...... Me fui a la orilla del arroyo y ahí, solo, lloré.

 

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