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les contaba antes, mis dueños cambian a menudo....
Hoy quiero narrarles un momento de mi vida
con otro de esos argentinos que hicieron patria....
Uno de esos personajes que la Historia juzga
ora bondadosamente, con ojos de amplitud y comprensión,
ora con ojos de Inquisidor Supremo y ánimo de cazador
de brujas...
Mi dueño en esta Historia se llama
Juan, aunque eso no dice mucho, porque quien más
quien menos, en este país todos se llamaron Juan.
Piensen, sino, en Juan Domingo, Juan Manuel,
Juan Galo, Juan Bautista, Juan Facundo...
Y de este último, es precisamente
de quien quiero hablarles hoy.
Yo era su perro allá por la lejana
y turbulenta década del 30... Época de malones
y lanzas, de levitas y minués.... donde había
que hacer patria a la fuerza.
Época en la que todavía no
se habían acallado las ideas monárquicas y
en la que hablar de organización nacional era un
ideal que parecía lejano e inalcanzable.
Pero no creas, amigo lector, que toda la
vida era patria, política, reyes y esclavos!...
No.... también se vivía la
otra vida, la de entrecasa... la del dinero que no alcanzaba,
la de los amores escondidos, la de niñas que soñaban
con fiestas y la de estudiantes que partían melancólicamente
a encerrarse en las pocas universidades existentes.
Y mi amo, Juan Facundo Quiroga, pertenecía
y vivía en ambas.
Fue tanto un hombre de campo y pueblo como
de gobierno y salones.
Inesperado e imprevisible, eso sí....
Nunca podías esperar una respuesta lógica
y acorde a las circunstancias....
Si habré ligado patadas y caricias!!!!
Pero nunca en el orden deseado....
Facundo fue hombre de campo, pues administró
el heredado de su padre, allá en La Rioja, su provincia
natal, pero no lo hizo desde atrás de un escritorio,
sino que encabezaba cualquier tarea rural superando a los
más diestros peones.
Como casi todos los jóvenes de buena
familia, pasó por el ejército y a los 28 años
ya era capitán de milicias y así regresó
a los Llanos riojanos a administrar sus campos.
Ya para ese entonces el fuego de la política
lo estaba cercando.
Y cuando Facundo se metía en algo,
lo hacía con toda sus fuerzas y su ímpetu...
Fue Federal desde el vamos. Simpatizaba
con el gauchaje y los derechos del interior, oponiéndose
fieramente a los privilegios de la gente de levita
y la orgullosa Buenos Aires.
Y así fue como comenzó a luchar
por su patria... defendiendo al interior provincial, a la
gente pobre que veía en él a un semi-dios.
Si esta historia se hubiera desarrollado
en la Grecia de Homero, seguro que Facundo era un Hércules
o un Ulises.
Por mi madre supe que en la década
del 20, participó en cien batallas contra los unitarios.
Ganó en casi todas, perdió en algunas, vivió
la humillación de la huida y bebió del cáliz
del triunfo.
Fue amigo de Rosas y admirador de San Martín...
Odió a Rivadavia y mantuvo una fría distancia
con Estanislao López.....
Al nacer yo, en 1830, Facundo reside por
un tiempo en Buenos Aires, donde se produce un cambio en
su imagen.... se muestra bien vestido y sin barba, frecuenta
salones y cae en las garras del juego...
Conmigo se muestra benévolo y noto
que tiene una especial predilección por mi... me
hace jugar, me acaricia y en el momento menos pensado me
despide con un cariñoso puntapié..!
Pero así es Facundo y así
hay que tomarlo... o dejarlo.
El odio y el amor son dos sentimientos que,
en él, no aceptan términos medios.
La firma del Pacto Federal de 1831, lo sacude
de su modorra ciudadana y lo coloca nuevamente al frente
de las tropas que deben luchar contra el general Paz.
Sin embargo, la suerte le será adversa
y la derrota lo deprime. Vuelve a La Rioja, luego a San
Juan y en 1834 estamos nuevamente en Buenos Aires.
El gobernador de Buenos Aires, Maza, juntamente
con Rosas le encomiendan una misión en el norte:
encontrar la forma de establecer la paz entre los gobiernos
de Tucumán y Salta.
Y hacia allá vamos, porque para esa
época, yo era su preferido.. no iba a ningún
lado sin llevarme, aunque después, en alguno de sus
habituales arranques de furia, me corriera a patadas...
Llegamos a Santiago del Estero luego de
un viaje agotador.. tierra y calor eran las constantes en
aquellos primeros días del caluroso diciembre de
1834...
Nochebuena la pasamos en Córdoba,
donde la familia gobernante, los Reynafé, nos ofrecieron
hospitalidad, pero no sé por qué causas, Facundo
la rechazó.
Yo lo notaba nervioso y como presintiendo
algo y les diré más... nosotros, los perros,
tenemos un sentido especial para presagiar cosas.... y me
estaba funcionando aquella vez!!!...
De alguna manera intenté comunicárselo
a Facundo, pero no me hacía caso.... estaba muy metido
en sus propios pensamientos y los nervios lo tenían
mal.... Sí.. quizás presentía algo
también.....
La cuestión fue que, al llegar a
Santiago del Estero, Facundo se enteró de la muerte
de Latorre, el gobernador de Salta y dio por concluido su
viaje.
No obstante, esperamos unos días
allí y recibió a los ministros de las dos
provincias con las que se firmó un tratado de amistad....
Decidió volver a Buenos Aires y desoyendo
todas las advertencias de que llevara una escolta especial,
porque en Córdoba podía atentarse contra su
vida, partió confiando, como siempre, en su prestigio
y su imagen de caudillo legendario.
Su respuesta, por aquellos días,
era: No ha nacido el hombre que mate al general Quiroga..
y si ha nacido, está en pañales..!
¿Por qué se sospechaba de
los hermanos Reynafé, caudillos de Córdoba?...
Pues porque estos eran protegidos del gobernador
de Santa Fe, Estanislao López, con el que Facundo
mantenía una tensa enemistad, personal y política.
Muchos opinan que la cuestión política
fue lo más importante, pero, conociéndolo
como lo conozco a Facundo, puedo dar fe que, por su parte,
la enemistad era mayor por cuestiones personales... y nada
menos porque López, se había quedado, años
atrás, con el famoso caballo el Piojo,
propiedad valiosa de Facundo y a quien consultaba
antes de cada batalla...
Estoy completamente seguro que Facundo odiaba
a López por este motivo..... Hubiera dado un brazo
por recuperar aquel flete, pero López no le dio con
el gusto...
Así las cosas, Quiroga era para López,
un estorbo y su paso por Córdoba, una oportunidad
demasiado servida como para desperdiciarla.
El 18 de febrero de aquel 1835, con la pequeña
comitiva de Facundo, entramos a la provincia de Córdoba
en viaje de regreso a Buenos Aires
Hacia el mediodía llegamos a una
zona conocida como Barranca Yaco y al tomar
una curva, una partida de casi treinta paisanos detiene
la galera......
Facundo abre la puerta y yo salto al exterior
con el presentimiento hecho realidad... Escucho a mis espaldas
el grito de Quiroga que dice: Quién manda esta
partida!!... y antes que pueda mirarlo, el ruido del
pistoletazo...
Lo que recuerdo desde allí, es como
una escena en cámara lenta.... giro la cabeza y veo
la cara de Facundo estallar en una masa sanguinolenta...
el grito del mayoral y el de Santos Pérez (que después
supe, fue el que disparó), se mezclaron... el polvo
que seguía a la galera, llegó y nos cubrió
cubriendo el acto final de esta película que nunca
hubiera querido ver.....
De ahí en más, todo se aceleró...
huí perdiéndome entre los montes del costado
del camino... huí hasta que encontré un ranchito
perdido en las sierras y ahí, poco a poco, me aquerencié.
Nadie supo que yo fui parte de aquella fatídica
comitiva... Días más tarde, oí que
mis nuevos dueños comentaban con su tono cansino
y resignado, la muerte del legendario caudillo...... Me
fui a la orilla del arroyo y ahí, solo, lloré.
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