Este es el relato de cómo todo estaba en suspenso, todo estaba en calma y en silencio; todo estaba inmóvil, todo tranquilo, y vacía la inmensidad de los cielos.

La faz de la tierra no se manifestaba todavía; sólo el mar apacible y todo el espacio de los cielos.

No había más que la inmovilidad y el silencio en las tinieblas, en la noche. Estaba también solo El Creador, El Formador, El Domador, El Serpiente cubierta de Plumas. Los que engendran, los que dan la vida, están sobre el agua como una luz creciente.

Y ellos hablaron, y entonces se consultaron y meditaron; se comprendieron y unieron sus palabras y sus pensamientos.

Entonces se hizo el día mientras se consultaban, y al alba se manifestó el hombre, cuando ellos tenían consejo sobre la creación y crecimiento de los bosques y de los bejucos; sobre la naturaleza de la vida y de la humanidad (creadas) en las tinieblas y en la noche por aquel que es El Creador del Cielo, cuyo nombre es Hurakán.

Luego vinieron ellos con El Dominador, El Gucumatz; entonces tuvieron consejo sobre la vida del hombre; como se harían las siembras, como se haría la luz; quien sería sostén y mantenedor de los dioses.

-¡Que así sea hecho! ¡Fecundaos! -(fue dicho)- Que esta agua se retire y cese de estorbar, a fin de que la tierra exista aquí; que se afirme y presente para ser sembrada, y que brille el día en el cielo y en la tierra, pues no habrá gloria, ni honor de todo lo que hemos creado y formado, hasta que no exista la criatura humana, la criatura dotada de razón.

-¡Tierra! -dijeron, y al instante se formó. Como una neblina, o como una nube se formó en su estado material, cuando semejantes a cangrejos aparecieron sobre el agua las montañas y en un momento existieron las grandes montañas.

Sólo una potencia y un poder maravillosos pudieron hacer lo que fue resuelto (sobre la existencia) de los montes y de los valles, y la creación de los bosques de ciprés y de pino (que aparecieron) en la superficie.

Así fue la creación de la tierra cuando fue formada por El Corazón del Cielo, y el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo y la tierra, todavía inertes, estaban suspendidos en medio del agua."

Fragmentos del Popol Vuh [libro Maya]

Para TuRemanso en la tierra te podes afirmar en las tradiciones, el terruño, lo autóctono. Aquí encontrarás la máxima expresión de "SER Humano" social y personal.

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José Hernández: De periodista a poeta

A pesar del decaimiento en la calidad educativa argentina existe aún un buen síntoma: el Martín Fierro sigue siendo de lectura obligatoria en los planes de estudio de la escuela media.

En la obra que retrata la problemática del gaucho argentino, ilustrada por Juan Lamela en 1968, el historiador Fermín Chávez sostiene que “el Martín Fierro no puede ser explicado satisfactoriamente si aislamos al poema y a su autor en compartimientos puramente literarios”. Pero así como Chávez entiende que la vida del autor es concomitante a la del poema, aquí entendemos que el José Hernández “político” es concomitante el José Hernández “periodista”.

El futuro autor del Martín Fierro hace su aparición en la vida política de Buenos Aires en 1855, como hombre del Partido Federal Reformista (...). Baste citar los nombres de Carlos Guido Spano, Miguel Navarro Viola, Rafael Hernández, Juan José Soto, Andrés González del Solar y de los generales Guido e Iriarte para advertir la representatividad política de los “chupandinos”, como se los llamó en su tiempo.

Eran antirrosistas y sostenían la necesidad de superar el viejo dilema unitarismo-federalismo. Pero las persecuciones desatadas por el Partido Liberal, gobernante desde el 11 de septiembre de 1852, no permitieron la armazón de los cuadros “chupandinos”, la mayor parte de los cuales acabó huyendo de las violencias realizadas por los liberales o “pandilleros”.

Así fue como José Hernández (al igual que su hermano Rafael, escribiente del doctor Calvo) tuvo que emigrar de Buenos Aires y radicarse en la ciudad de Paraná, capital por entonces de la Confederación Argentina, reconstruida por el Acuerdo de San Nicolás.


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