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Cronología de José
Hernández
1834 José
Rafael Hernández, tal su nombre completo, nació
en la chacra de Pueyrredón (antiguo caserío
de Pedriel), propiedad de su tía materna Victoria
Pueyrredón en el actual partido bonaerense de San
Martín, el 10 de noviembre de 1834.
Fueron sus padres don Rafael Hernández
y doña Isabel Pueyrredón. Recibió el
bautismo en la parroquia de la Catedral del Norte, hoy Basílica
de la Merced, en la ciudad de Buenos Aires, el 27 de julio
de 1835.
Desde entonces su vida apareció marcada
por el entorno político de la época. Fermín
Chávez resume la situación del siguiente modo:
"La madre pertenecía a una familia de filiación
unitaria y era prima hermana de Juan Martín de Pueyrredón,
por lo cual José resulta primo segundo del pintor
Prilidiano Pueyrredón. El padre, en cambio, militaba
en el partido federal, al igual que sus hermanos Eugenio
y Juan José Hernández, este último
muerto durante la batalla de Caseros" (9).
Tempranamente quedó al cuidado de
su tía Victoria, llamada "mamá Totó",
mientras sus padres solían pasar largas temporadas
en estancias del sur de la Provincia. Pero sus tías
debieron emigrar por razones políticas y José
fue dejado al cuidado de su abuelo paterno, José
Gregorio Hernández Plata, que vivía en una
quinta de Barracas sobre el Riachuelo.
1841 A los
seis años José Hernández comenzó
sus estudios en el Liceo Argentino de San Telmo, dirigido
por Pedro Sánchez. Desde 1841 hasta 1845 se formaría
conforme a los hábitos y reglamentos de la época,
en lectura y escritura, doctrina cristiana, historia antigua,
romana y de España, aritmética, dibujo y gramática
castellana. Amén de ello, Chávez señala:
"Por un aviso de "La Gaceta Mercantil", publicado
el 27 de agosto de 1845 y en ediciones posteriores,tenemos
conocimiento de que ese año José Hernández
cursaba todavía en las aulas del Liceo de Pedro Sánchez
y que las clases habituales habían sido aumentadas
con otras de francés, geometría y geografía,
a las que concurrían "gratis y en premio los
alumnos que por su capacidad y ejemplar conducta se han
hecho acreedores a tal distinción". Los alumnos
beneficiados así por el maestro Sánchez -que
acababa de trasladar su escuela a Reconquista 221- sumaban
veintidós y entre ellos figuraban Francisco y Juan
José Urquiza, José Mariño, Teófilo
Ezeiza, Manuel Badía, Nicolás Rivero y José
Hernández" (Chávez 10).
1843 Falleció
la madre de José Hernández
1846 José
Hernández se siente afectado por una dolencia física,
al parecer del pecho, por la que le fue prescripto un cambio
de clima, debió abandonar las aulas hacia 1846 y
fue llevado por su padre, que trabajaba como mayordomo en
establecimientos ganaderos de Rosas, a la pampa bonaerense
donde se recuperó. Chávez (ibid., p. 11) refiere
del siguiente modo aquellos días: "Es así
como, a los doce años de edad, Hernández entra
en contacto directo con el gaucho y con sus tareas de todos
los días, en una época caracterizada par la
intensa actividad de los saladeros. Su hermano Rafael lo
dice en una de sus clásicas páginas sobre
la juventud de aquél: "Allá en Camarones
y en Laguna de Los Padres se hizo gaucho, aprendió
a jinetear, tomó parte en varios entreveros y presenció
aquellos grandes trabajos que su padre ejecutaba y de que
hoy no se tiene idea. Esta es la base de los profundos conocimientos
de la vida gaucha y amor al paisano que desplegó
en todos sus actos" (Chávez 11).
Así recogió una visión
acabada y de primera mano de la realidad del hombre de la
campaña, donde fue uno más y pudo "captar
el sistema de valores, lealtades y habilidades que cohesionaban
a la sociedad rural" (Gramuglio, 2).
1853 A los
19 años de edad, en 1853, ingresó en las filas
del ejército e intervino en la represión del
levantamiento del coronel Hilario Lagos contra el gobierno
de Valentín Alsina, estando bajo las órdenes
de los coroneles Pedro Rosas y Belgrano y Faustino Velazco
y resultó vencido en San Gregorio, el 22 de enero
de ese año. Al año siguiente actuó
nuevamente, esta vez como teniente, contra las fuerzas de
Lagos en la batalla de El Tala, donde su bando resultó
victorioso.
1856 En efecto,
en 1856 Hernández había optado por alinearse
al Partido Federal Reformista, que propiciaba la incorporación
de Buenos Aires a la Confederación presidida por
Urquiza con sede en Entre Ríos.
En coincidencia con su pensamiento político
inició ese mismo año sus lides periodísticas.
"Su vinculación al periódico La Reforma
Pacífica, dirigido por Nicolás Calvo, cuando
éste sólo contaba 22 años, señala
el despertar de su pasión por los problemas espirituales
y sociales que agitaban al país". (Pagés
Larraya 51).
La Reforma Pacífica (Buenos Aires)
era el medio del nuevo partido a cuyos integrantes el oficialismo
porteño denominaba despectivamente "chupandinos"
por su supuesta afición a la bebida. A su vez los
separatistas, partidarios de Valentín Alsina y Bartolomé
Mitre, recibían de sus adversarios el mote de "pandilleros"
porque, a decir de éstos, se manejaban siempre en
grupos o pandillas. Auza señala que: "La Reforma
Pacífica no nacía como un diario favorable
a la tendencia urquicista en Buenos Aires, ni mucho menos
con la misión de sostener las ideas de algunos federales
de las provincias sobre la cuestión de la separación
de la ciudad portuaria. El diario representaba los intereses
de un grupo porteño cuyos miembros, siendo ante todo
porteños, querían y aspiraban a la nacionalidad,
pero no del modo, ni con los procedimientos o el programa
que se auspiciaba desde Paraná y, mucho menos, en
el que se propiciaba desde San José" (Auza 159).
1858 Después
de haberse batido a duelo con otro oficial, por razones
políticas, abandonó las filas de la milicia
y emigró a Entre Ríos en 1858. Se radicó
en Paraná, Entre Ríos, en donde trabajó
como empleado de comercio y ocupó un cargo en la
Administración Nacional.
"Testigos de la época lo describen
sencillo y conservador, hablando con voz estentórea,
arrebatado por los avatares de la política pero con
tiempo para detenerse en el mercado, donde se pasaba escuchando
los dichos y chistes gauchescos de los carniceros, que entonces
eran todos criollos de pura cepa y de indumentaria campera"
(Gramuglio 2).
Sedano Acosta lo refiere a su vez asegurando
que: "Era un bello tipo de criollo: corpulento, vigoroso,
atezado, de pelo lacio, de voz potente, probada en las faenas
del campo y en las de la ciudad, ágil de cuerpo y
de ingenio" (192).
1859 Participó
en la batalla de Cepeda con el grado de capitán,
bajo las órdenes del coronel Eusebio Palma en las
huestes de la Confederación, que resultan triunfadoras
sobre las fuerzas de Buenos Aires.
A su regreso a Paraná, ese mismo
año, se desempeñó como taquígrafo
del Congreso y remitió desde aquella ciudad, por
entonces capital de la Confederación, sus colaboraciones
para "La Reforma Pacífica". Posteriormente
José Hernández publicó artículos
en El Nacional Argentino de Paraná (Entre Ríos).
1860 Aún
como federal urquicista, Hernández se adhería
a la posición integracionista del presidente Derqui
con la esperanza de un futuro de pacificación y progreso
y aseguraba en 1860 en un artículo:
"Porque los viejos partidos han muerto
ya y los partidos nuevos que se levantan a impulsos de necesidades
nuevas y de una vida comercial y civilizada, no les prestarán
su apoyo.
En nuestra época, las necesidades
de la sociedad son otras y otros los fines a que se dirige.
Las causas son nuevas, las ideas son nuevas,
los propósitos lo son también y no es posible
armonizarla con las causas, ideas y propósitos viejos;
ni es posible ni cuerdo olvidar lo que corresponde a la
sociedad de hoy, para sostener lo que pertenece a una sociedad
que pasó"(Auza, 122).
En una de sus últimas notas, el 11
de octubre de 1860, Hernández defendía su
independencia periodística y política señalando:
"Escribimos en este diario como lo haríamos
en otro cualquiera para manifestar y sostener nuestras ideas
y nuestras creencias políticas, que nunca hemos sometido
ni someteremos jamás a ideas o creencias extrañas.
Escribimos porque nuestra calidad de argentino
nos da derecho pleno y hasta cierto punto nos impone el
deber de tomar ingerencia legítima en la política
de nuestro país. Escribimos en este diario porque
podemos hacerlo con libertad, con una independencia que
cuadra a nuestro carácter..." (Auza, 123).
1861 El 17
de setiembre de 1861 Los ejércitos de la Confederación
y del estado de Buenos Aires se enfrentaban en la batalla
de Pavón. Hernández, con el grado de capitán,
actuó en el bando confederado al mando de Urquiza
y resultó vencido, más que por la capacidad
bélica de su adversario (Mitre) por la falta de convicción
puesta en la acción ordenada desde Paraná
por el presidente Derqui. Sería esa actitud de Urquiza
la que le significaría el desprecio de muchos comandantes
del interior del país, entre ellos el coronel López
Jordán a quien se atribuye la responsabilidad ideológica
de su asesinato.
En noviembre del mismo año José
y Rafael Hernández (su hermano) participaban en la
batalla de Cañada de Gómez, donde también
resultaban vencidos por las tropas mitristas.
Mientras se organizaban focos de resistencia
federal en el interior del país, bajo la conducción
del general Angel Vicente Peñaloza, el coronel Felipe
Varela, el general Ricardo López Jordán y
otros, Derqui presentaba su renuncia y emigraba a Montevideo,
Pedernera declaraba acéfalo el gobierno nacional
y Mitre era designado presidente provisional. En mayo de
1862 fue electo definitivamente presidente par el Congreso
que a su vez elegía a Marcos Paz como vicepresidente.
1863 El 8 de
junio de 1863 José Hernández se casó,
en la catedral de Paraná, con Carolina González
del Solar. Desde el 12 de octubre del año anterior
el general Bartolomé presidía la República.
Meses después Hernández funda
y redacta El Argentino, periódico que sumaría
su esfuerzo a El Litoral, redactado por Evaristo Carriego,
en la defensa del ideal federal provinciano.
El 12 de noviembre del mismo año
el general Ángel Vicente Peñaloza, que se
había rendido a una partida del comandante Ricardo
Vera, es asesinado y decapitado y su cabeza es exhibida
ante el pueblo en una pica, en una plaza de Olta, La Rioja.
La noticia de esta muerte conmueve Las fibras
más íntimas de Hernández quien desde
El Argentino hace la apología del "Chacho"
(apodo con el que era conocido Peñaloza) al tiempo
que anatematiza a sus enemigos políticos:
"ASESINATO ATROZ. El general de la
Nación Don. Ángel Vicente Peñaloza
ha sido cosido a puñaladas en su lecho, degollado
y llevada su cabeza de regalo al asesino de Benavídez,
de los Virasoro, Ayes, Rolta, Giménez y demás
mártires, en Olta, la noche del 12 del actual.
El general Peñaloza contaba 70 años
de edad; encanecido en la carrera militar, jamás
tiñó sus manos en sangre y la mitad del partido
unitario no tendrá que acusarle un solo acto que
venga a empañar el valor de sus hechos, la magnimidad
de sus rasgos, la grandeza de su alma, la generosidad de
sus sentimientos y la abnegación de sus sacrificios.
La historia tiene para el general Peñaloza
el lugar que debe ocupar el caudillo más prestigioso
y más humano y el guerrero más infatigable.
El asesinato del general Peñaloza
es la obra de los salvajes unitarios; es la prosecución
de los crímenes que van señalando sus pasos
desde Dorrego hasta hoy.
Que la maldición del cielo caiga
sobre sus bárbaros matadores. Los millares de argentinos
a quienes el general Peñaloza ha salvado la vida,
rogarán por él." (Pagés Larraya,
l51).
Varias notas que durante el mes de noviembre
de 1863 aparecen en El Argentino fijan su posición
después de la muerte de Peñaloza.
Publicó también Hernández
una semblanza del "Chacho", que en diciembre de
1863 aparecía como folleto con el título de
"Vida del Chacho. Rasgos biográficos del general
Dn. Angel Vicente Peñaloza", que decía:
"Vamos a escribir, a grandísimos rasgos, la
vida de este héroe sencillo y modesto, a bosquejarla
con la brevedad con que nos lo permite el carácter
y aún el objeto de esta publicación.
Pocos habrá, quizá, que conozcan
una existencia extraordinaria, como la de este caudillo
valiente, generoso y caballeresco, que ha sido actor en
las escenas más notables del drama de nuestras luchas
civiles y a quien sus perversos enemigos han pintado como
el tipo de la ferocidad y encarnación del crimen"
(Pagés Larraya, 168).
Y comentaba, entre otras cosas, que: "No
creemos necesario detenernos mucho para recordar a nuestros
lectores, la resistencia heroica que el general Peñaloza
hizo por el espacio de muchos meses al ejército que
después de Pavón envió el general Mitre
al interior y que fue a ensangrentar el suelo de las provincias.
Aún están vivos eses hechos en la memoria
de todos y todos saben que ante su prestigio, su actividad
y su arrojo, únicos elementos de que podía
disponer, fue a estrellarse todo el poder de las huestes
invasoras, políticas de ese partido, cuya ambición
es su único fin, el asesinato su único medio"
(Pagés Larraya, 180).
1867 En 1867
se traslada a Corrientes y colabora con el gobierno de Evaristo
López. Chávez señala que: "Poco
después de su arribo a Corrientes, Hernández
es designado (el 7 de marzo de 1867) Fiscal Interino del
Estado, en sustitución del doctor Tomás J.
Luque, que había renunciado. El correspondiente decreto
del gobernador López expresa que aquél ocupará
el cargo ‘con goce de sueldo y prerrogativas que le
acuerda la ley’" (Chávez, 39).
Allí escribe José Hernández
en El Eco de Corrientes. Chavez asevera que "Desde
las columnas del El Eco de Corrientes, cuya redacción
pasa a integrar, el poeta debe sostener ardorosa polémica
con el diario opositor La Esperanza, que aprovecha para
atacarlo en su condición de funcionario oficial"
(39).
Entre tanto en Buenos Aires la cuestión
de la capital hacía perder a Mitre popularidad y
daba origen a la división de su partido en dos fracciones:
Los que seguían sus principios —convertir a
Buenos Aires en capital de la República— se
denominaban "nacionalistas" y sus opositores,
encabezados par Adolfo Alsina, fueron llamados "autonomistas",
porque defendían el localismo porteño y la
autonomía de la provincia de Buenos Aires. En el
lenguaje político los últimos fueron apodados
"crudos" y los nacionalistas "cocidos",
o bien alsinistas y mitristas respectivamente.
Antes de que Mitre terminara su mandato,
el pueblo se agitaba con los preparativos de la próxima
elección presidencial. El partido nacionalista sostenía
la candidatura del ministro de Relaciones Exteriores, Rufino
de Elizalde y el autonomista propiciaba a su jefe, el doctor
Adolfo Alsina. Como una transacción entre las tendencias
opositoras surgió la candidatura de Domingo Faustino
Sarmiento (Ibáñez, 204-211).
1868 Hernández
publicó varias editoriales en El Eco de Corrientes
con las iniciales J. H. o con su nombre completo. Así
lo hizo el 31 de marzo de 1868 con el título "¿Hasta
cuándo?": "¿A dónde va ese
círculo exaltado de Buenos Aires que ha logrado hacer,
aunque pocos, calurososprosélitos en todos los ámbitos
de la República, a dónde va en su afán
de dotar al país con un presidente cuyos antecedentes
políticos y cuyo carácter personal son una
amenaza viva para la paz y la quietud de sus habitantes?
¿Ha escrito acaso en su bandera la palabra de muerte
para toda la Nación e intenta convertirla en un vasto
cementerio?
Hacen sesenta años no interrumpidos
que los hijos de esta tierra, nacen al estruendo de los
cañones, se forman en medio del bullicio de las batallas,
encallecen sus manos empuñando la lanza y el sable
y sienten encanecer sus cabellos entre el humo de los combates.
Las legiones argentinas han recorrido el suelo americano
en todas direcciones dejando tras de sí regueros
de su sangre generosa, apilados los cadáveres de
sus hijos y marchando siempre adelante, con el arma al brazo
y atento el oído a la voz de los clarines.
¿A dónde van esas masas armadas
a prisa, dirigidas por generales más o menos hábiles,
vencidos hoy, vencedores mañana, pero sin conquistar
jamás para sí un día de reposo? Cada
vara de nuestro suelo recuerda un episodio sangriento, se
liga a la historia trágica de un combate, cada vara
de tierra es una tumba.
¡Hemos de marchar siempre chapaleando
sangre separando solícitos los cadáveres de
nuestros hermanos que obstruyen nuestro paso y caminando
a la ventura en medio de las tinieblas de la anarquía
y sin más luz que el resplandor rojizo de los cañones!
Los pueblos tienen derecho a la paz, al
reposo, al sosiego, después de sesenta años
de vida en los campamentos, en que han devorado sinsabores,
apurando todas las amarguras que brinda la desgracia.
¿No se sienten conmovidos los autores
de la anarquía en presencia de estas multitudes sacrificadas
bárbaramente en holocausto de sus ambiciones bastardas,
a la vista de esas hermosas campiñas donde blanquean
los huesos de tantos millares de hijos de esta desgraciada
República, al contemplar esos pueblos empobrecidos,
aniquilados por la guerra civil y sentadas sobres sus escombros
las viudas, las madres, los huérfanos como la imagen
de la desolación?
Aunque tienen serenidad para buscar un rincón
donde reunirse tranquilos y tratar de que la destrucción
se complete y de que las matanzas sigan.
Quince años de lucha sin tregua,
fueron necesarios para conquistar un dogma: LA LIBERTAD.
Veinticinco de combates fueron precisos
para fundar un principio: LA LEY.
Qué se busca ahora?
Fundar un Gobierno que haga de la libertad
una mentira y de la ley una farsa.
Remover esas dos grandes conquistas, que
son el fruto de una batalla de medio siglo, para sentar
en su lugar, el imperio de un círculo, para sustituir
a la ley de voluntad de unos cuantos y para hacer que empecemos
de nuevo el tan trillado camino de las luchas fratricidas.
Pero debemos tener fé en que esas
tentativas no han de alcanzar su éxito.
El país ha de saber oponerse a esos
manejos de los anarquistas y su voluntad ha de ser una valla
que ha de contener el ímpetu de sus pasiones tantas
veces funestas.
Si la anarquía, que intenta levantar
de nuevo su cabeza, es vencida en la próxima lucha
electoral, desaparecerá de entre nosotros, dando
lagar al imperio del orden, de las instituciones y dejando
abierto y franco el camino del porvenir.
¡Dios proteja la causa de los Pueblos!
J. Hernández" (El Eco de Corrientes N° 166).
De El Eco de Corrientes se editaron 186
ejemplares y cesó el 26 de mayo de 1868 porque el
día 27 estalló un movimiento sedicioso mitrista
que derrocó a Evaristo López. El gobernador
fue arrestado y sus ministros perseguidos.
"Hernández debió abandonar
también un cargo menor pero altamente significativo:
El de maestro de gramática en la Escuela de San Agustín"
(Chávez, 42). Agrega Chávez que: "Después
de su salida de Corrientes, el periodista y maestro se radica
por algunas semanas en Rosario, donde tenía algunos
familiares y bienes. En esa oportunidad, su amigo Ovidio
Lagos lo invita a colaborar en su diario La Capital, que
todavía no tiene un año de existencia"
(42).
Chávez nos afirma que "había
razones harto suficientes para que ambos periodistas estrechasen
los lazos de su espíritu junto con las ataduras que
da la lucha política misma. Los dos, federales erguidos
frente al centralismo que la burguesía portuaria
venía organizando desde hacía años.
Ambos, formados en las duras luchas de una existencia penuriosa;
los dos emigrados porteños después de las
persecuciones de 1857, pertenecientes a un mismo partido:
el chupandino. Una misma vocación, junto a las prensas
y casi un mismo estilo" (42).
El 21 de julio se publicaba un artículo
en el que Hernández desarrollaba un ataque el programa
de Sarmiento (Domingo Faustino) de introducir métodos
y maestros norteamericanos, de acuerdo con su concepto de
civilización y a riesgo de modificar las tradiciones
pedagógicas nacionales. Decía:
"Es un destino bien amargo el de esta
pobre República. Esto se llama ir de mal en peor.
Mitre ha hecho de la República un
campamento. Sarmiento va a hacer de ella una escuela.
Con Mitre ha tenido la República
que andar con el sable a la cintura.
Con Sarmiento va a verse obligada a aprender
de memoria la anagnosia, el método gradual y los
anales de Da. Juana Manso. Estas son las grandes figuras
que vienen a regir los destinos de la patria de Alvear y
San Martín!
Pero, ¿ Consentirá el Congreso,
consentirán los hombres influyentes de la República,
consentirá el país en que un loco, que ya
ha fulminado sus anatemas contra el clero y contra la religión,
que ha dicho que va a nombrar una mujer para Ministra de
Culto, que es un furioso desatado, venga a sentarse en la
silla presidencial, para precipitar al país a la
ruina y al desquicio ? No lo creemos; esperamos que el patriotismo
y la reflexión no nos hayan abandonado del todo y
que antes que consentir en semejante escándalo, tendrán
bastante energía para decirle al partido de los anarquistas
'hasta aquí no más', y al loco predilecto
de los perturbadores, que se vuelva a su destierro político,
a estudiar los diversos métodos de las escuelas americanas"
(Chávez, 45).
El 12 de octubre de 1868 asume la presidencia
de la Nación Domingo Faustino Sarmiento al tiempo
que hace lo propio como vicepresidente Adolfo Alsina.
A mediados de noviembre de 1869 José
Hernández se establece en Buenos Aires. El 6 de agosto
aparece el primer número de El Río de la Plata,
diario que enarbola fundamentalmente banderas de autonomía
municipal, abolición de contingentes de fronteras
y elección popular de jueces de paz, comandantes
militares y consejeros escolares.
Pagés Larraya (ibid., p. 55) describe
al medio y su actitud política:
" Diario de combate en hora de bullentes
pasiones políticas, El Río de la Plata se
caracterizó por su tono equilibrado y por la ausencia
de ataques personales, recurso que por entonces era tan
habitual en la prensa y bordeaba casi siempre lo calumnioso.
Salta a luz El Río de la Plata a menos de un año
de la asunción del mando presidencial por parte de
Sarmiento y combatía su gobierno con serenidad, a
la par que atacaba con más violencia al partido liberal
de Mitre, entonces en la oposición. Pero más
que la crítica de lo contingente el periódico
de Hernández procuró afrontar los problemas
fundamentales y no resueltos de la nacionalidad" (Pagés
55).
Hernández se ocupará en El
Río de la Plata del tema social que luego desarrollaría
en abundancia en su poema: el gaucho.
Beatríz Sarlo desglosa esa problemática
del siguiente modo: "Allí (en El Río
de la Plata) publicó una serie de artículos
que constituyen algo así como el cañamazo
de ideas que el Martín Fierro elaborará literariamente:
el problema de las fronteras con el indio y su defensa,
la iniquidad de que ésta repose exclusivamente sobre
el habitante pobre de la campaña que es arrancado
de su hogar para ser arrojado al fortín, convertido
en una suerte de prisionero, desecho por la indigencia y
mortificado por la arbitrariedad de las autoridades militares
y civiles". Es el gobierno, afirma Hernández,
el que ‘convierte al gaucho en matrero, en delincuente,
en asesino’" (Sarlo 3).
El vocablo gaucho era justamente, para los
sectores intelectuales y la élite gobernante, sinónimo
de delincuente. Pérez Amuchástegui afirma:
"La conciencia antigaucha de los intelectuales se universalizó
después de Caseros; Urquiza perdió el apoyo
de la élite en tanto adoptó actitudes gauchescas.
Después de Pavón, cuando se inicia la estructura
nacional de la triunfante oligarquía paternalista,
la voz 'gaucho' y sus derivados se reserva para las huestes
del Chacho Peñaloza y sus pares. Y cuando ya no quedan
mas 'gauchos montoneros' se aplica la notación despectiva
de 'gaucho' a los 'bárbaros' de la campaña
que, en un país ávido de europeizarse, pretenden
mantener formas anquilosadas de tradicionalismo criollo.
Para esta época serán gauchos esos 'salvajes'
que sólo sirven para seguir a Felipe Varela o a los
Taboada, según el bando..." (229).
La guerra de la Triple Alianza contra el
Paraguay era también un mecanismo para la extirpación
formal y material del gaucho mediante las conscripciones
forzosas. Pagés Larraya indica que si bien los artículos
de Hernández aparecidos en El Río de la Plata
no han sido firmados, resultan claramente identificables
por los siguientes elementos: "a) Se trata de artículos
editoriales, que siempre escribía el director del
periódico, en este caso Hernández. b) Hay
coincidencias con los temas tratados por Hernández
antes y después de El Río de la Plata. c)
Hay coincidencias estilísticas. d) Hay repetición
exacta o próxima de expresiones suyas usadas en otros
lugares" (56).
1869 El 19
de agosto de 1869 Hernández publicaba en El Río
de la Plata el artículo titulado "Hijos y entenados"
en el que sostenía:
"Tiempo es ya que los gobiernos empiecen
a preocuparse de aplicar al mal remedios eficaces, para
garantirnos de sus invasiones y se deje de girar perpetuamente
en derredor de un círculo vicioso [. . .].
"¿Qué se consigue con
el sistema actual de los contingentes?. Empieza por introducirse
una perturbación profunda en el hogar del habitante
de la campaña. Arrebatado a sus labores, a su familia,
quitáis un miembro útil a la sociedad que
lo reclama, para convertirlo en un elemento de desquicio
e inmoralidad.
"Parece que lo menos que se quisiera
fomentar es la población laboriosa de la campaña
o que nuestros gobiernos quisieran hacer purgar como un
delito oprobioso el hecho de nacer en el territorio argentino
y de levantar en la campaña la humilde choza del
gaucho. [. . .].
"Es la campaña, pues, fuente
de nuestra riqueza y de nuestro porvenir económico
y social, la que necesita de garantías, de medidas
liberales y protectoras. Es necesario desarrollar su industria,
fomentar la población nacional, escudar al ciudadano
contra los atentados de la fuerza. [. . .].
"Nosotros nos pronunciamos no sólo
contra el atentado que envuelve la reglamentación
actual del servicio de fronteras, sino contra la ceguedad
que así nos arrastra al precipicio y así desconoce
nuestros más fundamentales intereses." (Pagés
Larraya, 197ss).
El 22 de agosto Hernández insertaba
en El Río de la Plata la nota que llevaba por título
el interrogante ¿Qué civilización es
la de los matanzas? en la cual con la dureza de su prédica
social señalaba, entre otros conceptos:
* "La frontera, decíamos debe
ser guardada por tropas de líneas, organizadas por
medio de enganche. Este es el medio legítimo de custodiarlas
y de su adopción no se resiente ningún principio,
no se afecta derecho alguno."
* "Los ejércitos de fronteras
no sólo deben tener armas: deben estar además
munidos de instrumentos de trabajo".
* "No sólo deben salvar a la
campaña de las invasiones de los indios sino que
deben fructificar la tierra que pueblan, apropiándola
a su existencia y bienestar.
* Ofrezca el gobierno esas ventajas positivas
y no le faltarán brazos que contraer a la defensa
y a la colonización de las fronteras. Si nuestros
gauchos, si los que vagan hoy sin ocupación y sin
trabajo obtienen además del salario correspondiente
un pedazo de tierra para improvisar en él su habitación
y los instrumentos necesarios, se le liga más y más
a la defensa de la línea fronteriza, porque ya no
serán sólo los intereses extraños los
que ampararía sino sus propios intereses.
* La experiencia ha demostrado el absurdo
de las combinaciones hasta hay adoptadas para arrebatar
a los indios el señorío del desierto.
* La idea de llevarles una guerra ofensiva
para exterminarlos, que algunos han emitido en la prensa
y hasta en opúsculos que se han impreso bajo la protección
oficial, no ha dado los resultados con que soñaban
los autores. Y decimos felizmente, porque si eso hubiese
tenido lugar habría sido para mengua de nuestros
gobiernos, que no habrían descubierto un medio más
en armonía con nuestros sentimientos humanitarios
y cristianos de neutralizar el mal y hacer al salvaje mismo
partícipe de los beneficios de la civilización.
* Nosotros no tenemos el derecho de expulsar
a los indios del territorio y menos de exterminarlos. La
civilización sólo puede dar los derechos que
se deriven de ella misma" (Pagés Larraya, ibid.,
p. 206 ss).El 1° de setiembre de 1869 El Río
de la Plata publicaba un artículo titulado: "La
división de la tierra" que entre otros conceptos
aseveraba:
* "Los gobiernos que no deben tener
ni aún la inspiración de ser propietarios,
se empeñan entre nosotros, en arrebatar las grandes
empresas de progreso, a la acción fecundante del
individuo y en vez de buscar el restablecimiento del equilibrio
industrial, introducen de esta manera una honda perturbación
en la marcha económica de la sociedad.
En vez de despojarse de falsas atribuciones
devolviéndolas al pueblo a quien pertenecen, nuestros
gobiernos se arrogan facultades monstruosas, estableciendo
privilegios y monopolios odiosos en favor del que está
encargado precisamente, como ya lo hemos dicho, de asegurarnos
los beneficios de nuestras libertades institucionales. [.
. .]
La sociedad no hace de los gobiernos agentes
de comercio, ni los faculta para labrar colosales riquezas,
lanzándolos en las especulaciones atrevidas del crédito.
La sociedad no podría delegar, sin suicidarse, semejantes
funciones, que son el resorte de su actividad y de su iniciativa.
[. . .]
Las tierras en poder del fisco, no aumentan
la renta del Estado, cuyo fundamento está en el impuesto
y en la población. [. . .]
Por medio de la subdivisión de la
tierra se atrae una población, cuyo espíritu
emprendedor se excita en una lucha profícua y estimulante.
En esta provincia, que tiene en su contra
el flagelo de los indios y donde se agita como un problema
insoluble la cuestión de fronteras, el medio de resolver
en pocos años esta cuestión sería el
de fomentar la población industriosa, llevar al desierto
las locomotoras del progreso, que traerían a su regreso
a nuestros mercados los pingües productos que regala
la tierra, a los que la abonan y cultivan." (Pagés
Larraya, 193ss).En N° 92, se publica un extenso artículo
titulado "Islas Malvinas. Cuestiones Graves",
en el que Hernández señala:
* "Los argentinos, especialmente, no
han podido olvidar que se trata de una parte muy importante
del territorio nacional, usurpada a merced de circunstancias
desfavorables, en una época indecisa, en que la nacionalidad
luchaba aún con los escollos opuestos a su definitiva
organización. [. . .] Deber es muy sagrado de la
Nación Argentina, velar par la honra de su nombre,
por la integridad de su territorio y por los intereses de
los argentinos. Sus derechos no prescriben jamás."
(Destéfani, 98s).1870 El 11 de abril de 1870 estalla
en Entre Ríos un movimiento revolucionario encabezado
por el general Ricardo López Jordán, que se
venía gestando desde cinco años antes.
Urquiza es asesinado por considerárselo
traidor a la causa federal.
En Buenos Aires comenzaron a ser vigilados
los nombres de la oposición, entre ellos Hernández
que había sido ministro de campaña de Evaristo
López y como tal (10 agosto 1868) había refrendado
el nombramiento de "Brigadier de la Provincia de Corrientes"
para López Jordán. Decide entonces clausurar
El Río de la Plata, el 22 de abril de 1870 y en su
último editorial dice:
* "No queremos asistir en la prensa
al espectáculo de sangre que va a darse en la República...
No hemos aprendido a cortejar en sus extravíos
ni a los partidos ni a los gobiernos y antes de hacernos
una violencia a que no se someta la independencia y rectitud
de nuestro carácter, preferimos dejar de la mano
la pluma que hemos consagrado exclusivamente al servicio
de las legítimas conveniencias de la Patria. Dejamos
de escribir el día en que no podemos servirla."
(Chávez, 52).1871 A fines de 1870 Hernández
se incorporó a las filas del ejército jordanista
compartiendo la derrota de Ñaembé el 26 de
enero de 1871.
Posteriormente emigró junto con López
Jordán a Santa Ana do Livramento, en territorio brasileño,
donde permaneció desde abril de 1871 hasta principios
de 1872.
1872 Luego
viajó a Uruguay en donde habría hecho alguna
incursión periodística, posiblemente en "La
Patria", según Piccirilli (ibid., p. 329s),
para regresar más tarde a Buenos Aires amparado en
una amnistía de Sarmiento y publicar el célebre
poema gauchesco: El gaucho Martín Fierro.
El Martín Fierro señala la
culminación del género gauchesco en la literatura
en el Río de la Plata. Fue creado y publicado en
dos partes: El gaucho Martín Fierro (1872) y La vuelta
de Martín Fierro (1879).
Según Loprete, "El poema recoge
algunas fuentes folklóricas (diálogos entre
gauchos, ciertas combinaciones estróficas), fuentes
gauchescas autóctonas (semejanzas con algunos otros
poemas gauchescos, en versos o pasajes), y fuentes románticas
(antecedentes de Echeverría y su Cautiva, color local,
rebeldía, exaltación del bandido, algunos
rasgos estilísticos, reminiscencias de personajes
de la literatura española...)" (Loprete, 422).
"Martín Fierro" es un gaucho
que vive feliz con su mujer e hijos hasta que las autoridades
lo apresan arbitrariamente para destinarlo a la frontera,
donde vive en un fortín en donde es víctima
de un sistema corrompido y cruel. Decide huir, pero al regresar
a su tierra se encuentra con su rancho destruido y su familia
desaparecida. Entonces se hace malo y pendenciero, es perseguido
por vago y en una pelea ocasional conoce a Cruz, otro gaucho
perseguido que pelea en su favor y junto con el cual deciden
irse a buscar refugio entre los indios.
1873 A mediados
de 1873 López Jordán invadió Entre
Ríos y el gobierno de Sarmiento puso precio a su
cabeza y la de sus colaboradores. Hernández en su
condición de tal buscó refugio nuevamente
en Montevideo, donde reinició sus tareas periodísticas
el 1° de noviembre de ese año en La Patria, que
dirigía Héctor Soto, hijo de Juan José
Soto, el editor de La Reforma Pacífica, su primer
periódico en que Hernández iniciara sus lides
en la prensa.
1874 En agosto
de 1874 compartió con Soto la dirección del
periódico y, tras un breve paso por Buenos Aires,
regresó a Montevideo y asumió la dirección
y redacción de La Patria.
En 1874 Mitre y Alsina, los jefes de los
dos principales partidos políticos, se disputaban
el mando futuro del país, aunque ambos eran resistidos
en buena parte de las provincias por su condición
de porteños. La actividad del interior favoreció
las aspiraciones del doctor Nicolás Avellaneda —Ministro
de Justicia e instrucción pública de Sarmiento—
nacido en Tucumán.
La candidatura de Avellaneda logró
la adhesión de diez provincias, por lo que Alsina
retiró la propia y dispuso apoyarlo con su partido
Autonomista.
De la fusión entre el partido Nacional
de Avellaneda y el Autonomismo de los "crudos"
de Alsina, surge una nueva expresión política:
el Partido Autonomista Nacional (PAN).
En medio de gran tensión política,
las elecciones se efectuaron el 14 de abril de 1874. Como
se señaló, el triunfo correspondió
a la fórmula encabezada par el doctor Avellaneda,
seguido del doctor Mariano Acosta para el cargo de vicepresidente.
En las filas de la revolución mitrista
para oponerse a la asunción de Avellaneda del 24
de setiembre de 1874 se encontraban viejos enemigos del
Chacho, de López Jordán y de Evaristo López.
Arredondo, Baibiene, José C. Paz y otros simbolizaban
la política que Hernández combatía
desde 1857. Por eso el gran antisarmientista habrá
de luchar esta vez por la legalidad representada en Sarmiento
y Avellaneda (Chávez, ibid., p. 68).
En ese marco tratará también
de neutralizar los intentos del mitrismo por llevar a sus
filas a elementos jordanistas y con ese motivo publica varios
artículos en La Patria.
1875 El 1°
de enero de 1875 suspende su aparición La Patria
de Montevideo y Hernández regresa poco después
a Buenos Aires en el marco de la política conciliadora
de Nicolás Avellaneda que había asumido la
presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1874
secundado por Mariano Acosta como vicepresidente.
A mediados de 1875 Hernández publicó
la segunda edición de su Vida del Chacho, recopilación
de sus notas periodísticas aparecidas en El Argentino
de Paraná, en 1863.
También publicó trabajos en
La Libertad, El Bicho Colorado y Martín Fierro (estos
últimos de carácter humorístico o sátira
política).
1877 En 1877
Hernández fue candidato a senador bonaerense por
el Partido Autonomista, pero luego se retrajo de la actividad
partidaria ante la conciliación de su sector con
los mitristas.
Al año siguiente se asoció
con Rafael Casagemas en la "Librería del Plata",
más tarde totalmente de su propiedad.
1879 En 1879
fue diputado por la segunda sección electoral en
la Legislatura de la provincia de Buenos Aires y un año
más tarde obtuvo la presidencia de la Cámara.
Ese mismo año se conoce la segunda
parte del poema gauchesco: La vuelta de Martín Fierro.
En ella, al cabo de un tiempo el personaje regresa a la
civilización y cuenta su vida en las tolderías,
las costumbres aborígenes, una epidemia en la que
muere su amigo Cruz, , la matanza de un indio que maltrataba
a una ‘cristiana’ y la huida con ella. El posterior
encuentro con sus hijos que narran también sus aventuras,
parte en donde aparece el Viejo Vizcacha.
1880 Poco antes
de terminar el mandato de Avellaneda dos candidatos se presentaron
para reemplazarlo, el gobernador bonaerense Carlos Tejedor
y el general Julio Argentino Roca, Ministro de Guerra. Este
último contaba con el apoyo de Avellaneda y de todas
Las provincias con excepción de Buenos Aires y Corrientes.
Junto con Hipólito Yrigoyen, Jacinto
Varela y otros, Hernández fundó un Club de
la Juventud Porteña, en adhesión a la candidatura
de Roca, quien resultó triunfador en las elecciones
por amplia mayoría.
Tejedor no aceptó el resultado del
comicio y dispuso una movilización de milicias tras
lo cual debió sufrir el sitio de la ciudad por parte
de las tropas nacionales y se produjeron intensos combates
los días 20 y 23 de junio de 1880.
Hernández se negó a tomar
parte en las luchas y se ocupó de organizar, junto
con Carlos Guido y Spano, el auxilio de los heridos por
medio de la Cruz Roja.
El 12 de octubre de ese mismo año
asumió la presidencia Julio Argentino Roca.
Hernández abogó desde la Legislatura
por la federalización de la ciudad de Buenos Aires,
orientándose en el autonomismo nacional y en consecuente
oposición a Leandro N. Alem.
Así, en la sesión del 19 de
noviembre de 1880 Hernández decía que "el
diputado Alem desconoce la marcha de su partido, la legalidad
del Congreso, la conveniencia pública de esta cuestión..."
(Manacorda, 51).
1881 José
Hernández fue vocal del Consejo General de Educación
y senador provincial de Buenos Aires, electo en 1881 y reelecto
en 1885.
En 1881 Hernández escribió
la Instrucción del Estanciero editado por Casavalle.
Esta obra es una especie de manual destinado a transmitir
a los hombres de campo experiencias y conocimientos en materia
rural, naturaleza de los campos bonaerenses, pastos, construcciones
rurales, ganado vacuno, marcas y señales, cría
del ganado caballar, ganado lanar y manejo de personal.
El tomo puede ser considerado, además, como un manual
de cultura gaucha, "civilización del cuero"
como se la ha denominado, con interesantes elementos de
juicio para comprender la época.
1882 Con el
gobernador Dardo Rocha trabajó en el proyecto de
fundación de la capital bonaerense. Si bien resulta
lógico interpretar la nominación por la proximidad
ribereña, algunos estudiosos sugieren, basándose
en la tradición oral, que la denominación
de "La Plata" estaría también vinculada
al segundo apellido de su abuelo. La fundación tuvo
lugar el 19 de noviembre de 1882 y se sirvió un asado
preparado por Hernández.
1884 En 1884
compró una quinta en Belgrano, en donde comenzó
a residir desde entonces, progresivamente alejado de su
actividad como legislador.
1886 El 12
de octubre de 1886 asumió la presidencia de la Nación
Miguel Juárez Celman.
José Hernández falleció
el jueves 21 de octubre de 1886 atacado par una afección
cardíaca. Sus biógrafos coinciden en señalar
como sus últimas palabras: "¡Buenos Aires!
¡Buenos Aires!". Sus restos descansan en el cementerio
de la Recoleta.
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